La normativa sísmica chilena, en particular la NCh433 en su versión modificada tras el terremoto del 27F, exige una verificación rigurosa de las cargas laterales en estructuras de contención. En Chiguayante, donde la terraza fluvial del Biobío presenta una intercalación de arenas limosas y estratos de grava mal gradada, el diseño de anclajes activos y pasivos no admite simplificaciones. La NCh2369 para diseño sísmico de estructuras industriales y la NCh3171 para la ejecución de anclajes inyectados en el terreno son el marco de referencia que aplica nuestro equipo técnico en cada proyecto. La variabilidad estratigráfica en la comuna, que se extiende desde los faldeos de la Cordillera de la Costa hasta sectores más bajos como Manquimávida, obliga a definir con precisión la longitud libre y el bulbo de inyección para garantizar la estabilidad a largo plazo. Antes de dimensionar el sistema de retenida, es habitual realizar un estudio de SPT para correlacionar la resistencia a la penetración con la capacidad de carga del terreno, especialmente en zonas con nivel freático alto donde la presión de poros modifica la interacción suelo-lechada.
El pretensado adecuado de un anclaje activo en arenas limosas del Biobío puede reducir hasta un 40% las deformaciones laterales en la cabeza del muro durante un evento sísmico severo.
