La terraza fluvial sobre la que se asienta Chiguayante guarda la historia sedimentaria del río Biobío. Diez metros de gravas arenosas con intercalaciones de limo definen el comportamiento dinámico de cada lote, y dos puntos separados por tres cuadras pueden mostrar aceleraciones espectrales distintas. El análisis de microzonificación sísmica permite mapear esas diferencias. En una ciudad donde la NCh433 exige clasificación sísmica de terreno, no basta con asumir suelo tipo C o D de forma genérica. La combinación de ensayos geofísicos con MASW Vs30 y calicatas profundas revela contrastes de impedancia que el ojo no detecta. Trabajamos con equipos que registran la onda de corte cada metro, generando perfiles de velocidad que luego alimentan modelos de respuesta en frecuencia. El resultado es un mapa de zonificación que orienta al estructurista antes de elegir el factor de reducción sísmica. Chiguayante, con 85 mil habitantes y una expansión urbana que avanza hacia las laderas de la cordillera de la Costa, necesita este nivel de detalle para no sobredimensionar ni subestimar las estructuras.
Dos sitios separados por 300 metros en Chiguayante pueden mostrar aceleraciones espectrales que difieren en más del 40% debido a cambios en la estratigrafía aluvial del Biobío.
