Chiguayante, cuyo nombre en mapudungún significa 'sol entre neblinas', expandió su trama urbana sobre las terrazas fluviales del Biobío y las laderas de la cordillera de la Costa en las décadas recientes. Esta topografía, que va desde la cota 20 hasta los faldeos del cerro Manquimávida, genera desafíos geotécnicos importantes al momento de proyectar edificaciones. La intercalación de suelos graníticos residuales, depósitos aluviales y pendientes pronunciadas exige un diseño de muros de contención que no solo sea estructuralmente sólido, sino que también considere el régimen hidrológico local y la sismicidad de la zona. Nuestro equipo técnico aborda cada proyecto en Chiguayante integrando la normativa sísmica NCh433 y las directrices de la NCh1508 para garantizar estructuras de retención que trabajen con el terreno, no contra él.
En las laderas de Chiguayante, la diferencia entre un muro que trabaja 30 años y uno que colapsa en 3 está en los centímetros de drenaje que se diseñan bajo la superficie.
