Con 86 mil habitantes asentados sobre la llanura aluvial del río Biobío, Chiguayante enfrenta un desafío constante al desarrollar infraestructura subterránea. Los últimos grandes eventos sísmicos, como el terremoto de 2010 que alcanzó magnitud 8.8, dejaron claro que excavar bajo la ciudad requiere mucho más que experiencia constructiva. El subsuelo compuesto por arenas finas, limos y niveles freáticos altos impone condiciones que solo un análisis geotécnico para túneles en suelo blando puede abordar con rigurosidad. En nuestra práctica diaria hemos revisado múltiples frentes de avance donde la falta de caracterización previa provocó asentamientos diferenciales y sobrecostos importantes. Por eso, cuando evaluamos la viabilidad de un túnel en esta zona, complementamos la campaña de campo con el ensayo CPT para obtener perfiles continuos sin alterar la muestra, y el MASW para determinar la velocidad de onda de corte y clasificar el perfil sísmico según NCh433. Estos datos nos permiten anticipar el comportamiento del macizo antes de mover un metro cúbico de material.
En suelos blandos, un centímetro de convergencia no previsto puede traducirse en semanas de retraso y refuerzo adicional.
