La terraza fluvial del Biobío bajo Chiguayante guarda una historia sedimentaria compleja: arenas medias, limos orgánicos y gravas redondeadas conviven en los primeros 20 metros de perfil. Esta heterogeneidad granulométrica explica por qué dos cimentaciones vecinas pueden tener desempeños sísmicos radicalmente distintos. El análisis granulométrico por tamizado e hidrómetro permite reconstruir esa firma textural con precisión de laboratorio, separando cada fracción desde la grava gruesa hasta la arcilla coloidal. En suelos donde el contenido de finos determina si un estrato es licuable o drenante, la curva completa no es un trámite de rutina: es la base para cualquier modelo geotécnico confiable. La normativa chilena exige esta clasificación antes de diseñar fundaciones en zonas sísmicas, y en Chiguayante, con el río modelando el subsuelo, omitir el dato fino equivale a diseñar a ciegas.
La curva granulométrica completa no es un gráfico decorativo: define si el suelo drena, si se licúa y cómo se compacta bajo carga sísmica en Chiguayante.
