La terraza fluvial donde se asienta Chiguayante, modelada por milenios de dinámica del río Biobío, presenta depósitos de arenas limosas y arcillas de plasticidad media que definen cualquier proyecto vial. Con una población que supera los 85 000 habitantes y una actividad sísmica de subducción que la norma NCh433 clasifica en zona 3, el diseño de pavimento flexible en esta comuna exige correlacionar la capacidad de soporte de la subrasante con el módulo resiliente de las capas granulares. El equipo técnico aborda cada proyecto verificando la trabajabilidad de la mezcla asfáltica y la estabilidad volumétrica del suelo de fundación, porque un perfil mal caracterizado deriva en ahuellamiento prematuro o fisuración por fatiga. En la práctica, la definición del número estructural se cruza con los ejes equivalentes proyectados y las condiciones de drenaje de la faja fiscal, aspectos que en la ribera sur del Biobío cambian drásticamente entre la estación seca y los meses de invierno. Para obras que requieren una caracterización completa del perfil de suelo antes de definir el paquete estructural, complementamos con el ensayo CPT cuando se necesita un registro continuo de la resistencia por punta y fricción lateral en los estratos arenosos que predominan hacia Lonco.
Un pavimento flexible bien diseñado sobre la terraza del Biobío transfiere las cargas del tránsito sin que la subrasante alcance la deformación plástica que detona el agrietamiento prematuro.
